Cultura · 28 de Mayo de 2017. 10:00h.

“He visto en Mas menos épica que tacticismo”

Ignacio Peyró, autor de un libro sobre Valentí Puig: “Todos somos más conservadores de lo que creemos”

“He visto en Mas menos épica que tacticismo”

Ignacio Peyró

Estamos de suerte. Yo pensaba que teníamos un anglófilo: Valentí Puig. Pero resulta que hay dos: también Ignacio Peyró. Además físicamente incluso se parecen a pesar de la diferencia de edad. El otro día, en la presentación del libro “La vista desde aquí” (Elba), llegué a la conclusión que en efecto se parecen hasta en el vestir. En un país (Catalunya) en el que la CUP ha favorecido la industria de la sandalia y el chandal ambos iban con corbata. Todavía hay esperanzas.

-  ¿Por qué es tan difícil declararse de derechas en España (y ahora incluyo Catalunya)?

Difícil o no, parece que lo más decente que uno puede hacer con sus ideas es defenderlas. Es posible que en el ámbito cultural sí haya un punto de rareza. De todos modos, existe una incomodidad con el término “de derechas”, que –caprichos de la semántica- parece tener un matiz un poco ordenancista o dinástico, como en “una familia de derechas”, cuando no directamente filisteo. Por eso me gusta más el término “liberal-conservador”, que alude a una noble tradición política y que –según las circunstancias- variará en el énfasis que damos a cada palabra. Ahí caben el reformismo, un temperamento centrista, la sensibilidad social del torismo “one nation”. En el caso español, el afán europeísta, el aprecio por el papel de la monarquía parlamentaria, los sabios equilibrios del 78. Como sea, claro que sí, el conservadurismo, que implica entre otras cosas no hacerse demasiadas ilusiones sobre nuestra capacidad para construir paraísos, tiene peor venta que las utopías. En España y fuera. Es cosa curiosa porque al final todos somos más conservadores de lo que creemos. No es tontería pensar que uno es conservador de lo que ama. Ahí, el conservadurismo ofrece una mirada agradecida al mundo – y un talante benigno y bienhumorado ante nuestras limitaciones.

 - A mí siempre me han dicho que era por culpa del franquismo pero Alemania tuvo la dictadura de Hitler y Merkel es de la CDU. Y en Italia tuvieron a Mussolini.

El hecho es que la derecha se hizo centro-derecha. Fue a mediados de los ochenta –el célebre “viaje al centro”- y por eso ha llegado a gobernar España.

- ¿Por qué un libro sobre Valentí Puig?

Por el placer de su lectura (la de Puig, claro). 2. Por haber mezclado con solvencia –cosa rara- la literatura pura y la reflexión sobre lo público. 3. Para descubrir las seducciones del moderantismo. 4. Por una inhabitual mezcla de finura y fuerza, muy visible –por ejemplo- en su columnismo. 5. Por haber cultivado numerosos géneros con una brillantez sin baches. 6. Porque no deja de arrojar luz sobre el hecho hispánico. 7. Porque –en catalán o castellano- es un maestro del estilo. 8. Porque es un modelo intelectual: libertad más responsabilidad. 9. Porque su literatura constituye, por sí misma, una magnífica alabanza de la literatura. 10. Porque –sorprendentemente- se le ha estudiado poco todavía.

- Supongo que ahora es de los que más sabe sobre él. Una definición rápida

Un intelectual –un escritor- de talla europea.

- He descubierto leyendo su libro que estuvo a punto de dejar la carrera

La formación de un escritor puede ser cosa rara hasta –por decirlo de un modo un poco cursi- encontrar su propia alma. A saber si para hacerse escritor no cuentan más las lecturas, por desordenadas que sean, o las horas de barra, que los estudios reglados. No digo que sea el caso, pero haber hecho el burro –o el perezoso, o el calavera- de joven puede ser un antídoto para no hacerlo cuando eso mismo ya se paga. Es una misericordia que las turbulencias en la vida lleguen pronto. Para lo que importa, que son las letras que quedan, el Valentí Puig que se estrena en la treintena es ya un escritor de sorprendente madurez intelectual y dominio estilístico.

- Bueno, se le ocurrió la buena idea de ir a una academia de inglés. En los años 60 debía ser poco frecuente.

Si uno lee un librito espléndido de Puig como es Palma, verá que ahí ha habido tanto de ciudad soñolienta como de elemento cosmopolita. Eso no ha pasado en todos los lugares de España. En un país de órbita francófila en lo intelectual durante dos siglos, interesarse por el mundo anglo fue un gesto profético y vitalmente importante –le abrió las puertas a grandes literaturas. Y al final, uno ve que en la literatura de Puig se sintetizan muchos rasgos, el fondo de sensualidad mediterránea, la lucidez cerebral a la francesa, el “swing” y la apertura mental al modo británico.

- No sé si convendrá conmigo que, el gran mérito de Valentí Puig, es haber empezado su carrera literaria con un dietario, “Bosc endins”. Generalmente la gente publica dietarios o diarios cuando tiene una carrera literaria consolidada.

Lamentablemente, el de los dietarios es un género un tanto ajeno a nuestra tradición. Entiendo que la publicación de Bosc endins –primero en catalán, al poco en castellano- sería una rareza. Luego el género se ha normalizado: abundan los diaristas y, aunque la literatura no es una carrera de caballos, tampoco está de más decir que él tuvo ahí algo de pionero entre nosotros. El diario de calidad es género autónomo y no pequeño; más allá de eso, al escritor le es útil y al lector le ofrece casi la posibilidad de convivir con un personaje. En los de Puig hay de todo: observación de la vida, reflexión política, glosa literaria, viajes. Una fiesta. En los últimos tiempos me he dado cuenta de otro atractivo: a lo largo de los años y de los dietarios, uno ve las continuidades y cambios de un temperamento de escritor, desde la juventud hasta la madurez.  

- Hay una frase que me ha llegado al alma, valga la redundancia: “los periódicos tienen alma”. La Vanguardia, con Gaziel, tenía alma. Como El País con Cebrián o El Mundo con Pedro J. salvando las distancias ideológicas.

Somos de las últimas generaciones para los que un periódico tenía una significación importante, casi catedralicia. Comprar Le Monde en París al mediodía, con la tinta aún caliente, era casi una afirmación de civilización. Un diario generaba afecto, irritación –pero era algo reconocible. Por desgracia, creo que los periódicos –y todo producto periodístico con cierta ambición- importan ya más a los periodistas que a unos lectores en retirada. Como todo producto de lectura, son artículos de lujo. Pero bueno, por eso mismo resultan todavía más loables los propósitos de hacer algo de calidad, aun cuando tengamos que transigir con concesiones populistas al click. También en prensa, tendemos a mitificar un pasado que endulza nuestra mirada desde el presente.

- Yo soy agnóstico, casi anticlerical, pero como dice Valentí Puig Europa es en buena parte “una creación cristiana”. En Catalunya tenemos más de 100 localidades que empiezan con Sant o Santa: Sant Cugat del Vallés, Sant Feliu de Llobregat, Sant Boi, etc.

Bueno, yo soy católico –católico pecador-, por lo que el cristianismo significa algo más que una impronta cultural. En tiempos de turbo-secularización, creo que cualquiera agradece esa posibilidad que ofrece el cristianismo –siquiera sea en ese plano cultural- de no ser del todo hijos de nuestro tiempo, sino ser también, de algún modo, coetáneos de San Agustín o de Pascal. El legado de belleza, sentido e imaginación moral del cristianismo es de una riqueza y hondura que estamos lejos de igualar. Por otra parte, no hace falta irse a la fundación de Poblet para afirmar que la Cataluña cristiana ha dejado hitos con reverberación profunda en toda España. Pienso en Balmes, o –pese a todo- en Verdaguer, de cuya estatua madrileña vivo muy cerca. Días atrás estuve en Colombia, en Cartagena de Indias, donde tanta huella dejó un jesuita como san Pedro Claver, que era de Lleida. El repliegue del cristianismo en la Europa postmoderna es una bajamar impresionante. Cosas del mundo líquido. A la vez, posiblemente el cristianismo cultural lleve consigo una nostalgia de sentido y un anhelo de lo divino que la Europa post-cristiana apenas se atreve a confesar pero que marca no pocas de sus expresiones culturales.  

 - “La ley es el orden y sin orden no hay libertad”.

Ni libertades, que es la forma doméstica y gloriosa que tenemos de vivir una palabra tan grande como “libertad”.

- Valentí Puig también dice que “los nacionalismos suelen equivocarse al elegir su modelo o llegan tarde”. No sé si preguntarle sobre el proceso o me dará un disgusto.

Digamos que soy un convencido partidario de mantener la hermandad hispánica y que creo que Cataluña no puede entenderse sin esa proyección. Las tensiones de esa vida hispánica bien pueden ser tensiones muy creativas en una convivencia equilibrada. Eso es algo que hemos visto. De cara al futuro, pienso además que España es un país con un potencial de impresión. Con frecuencia, sin embargo, observo que algunos independentistas tienden a criticar una España de cliché, más que un país que, conocido a fondo, es extraordinario.

- Cuando dice también que “un líder no puede forzar la marcha” me viene a la cabeza Artur Mas.

He visto en él menos épica que tacticismo e impostación de la voluntad. En una idea de Europa basada en la solidaridad creo, además, que nadie debe extrañarse si sus propuestas han gustado poco.

- Tiene que animarle a escribir su novela sobre Prim.

Me lo apunto. Si ha leído su última novela, El bar del Ave, es cosa extraordinaria. Hay que reivindicar al Puig narrador. Tiene páginas muy selectas, como Barcelona cae, Primera fuga o Maniobras privadas. Prim es un personaje fascinante en un siglo también complicado y fascinante, aunque a veces conozcamos más ese siglo por la literatura –de Galdós a Valle- que por su enrevesada historiografía. Lo digo con los riesgos que conlleva la literatura a la hora de ser leída como fuente de hechos o espejo de esos hechos.

- El corresponsal de prensa en el extranjero no parece que tenga demasiado futuro en la época de internet.

Se ha escrito sobre el asunto, uno mismo ha visto declinar su importancia en un diario, y a la vez la realidad nos dice que sigue habiendo corresponsales extraordinarios, capaces –por ejemplo- de explicarnos los entresijos de Bruselas. Para un periodista, era una gran plaza: muchos directores de periódico tenían esa experiencia en una corresponsalía. Permite un oreo en otras tradiciones políticas, útil también para luego tener una visión propia de cuanto sucede aquí. Curiosamente, quizá la corresponsalía de guerra –por las tecnologías- sí vaya a tener horas más bajas. Al final, la calidad la da el periodista si aporta un valor explicativo, de ponderación, a lo que ya está en todas partes. Volviendo al principio: a Charlemagne –alias del corresponsal del Economist en Bruselas-, la red le da más importancia y no menos.

- ¿Qué haríamos sin clases medias?

¿Qué mejor invento de Occidente que ese? Las vemos formarse en la historia urbana de Europa. Burguesía, propiedad, religión, comercio –al final, también una garantía de paz social. En el fondo, late aquello tan hermoso de Orwell: gente decente en busca de una vida decente. La preocupación por las cosas, que nos hace humanos. Uno puede admirar el consenso de posguerra si lo ve también en esa clave: apuntalamiento y expansión de las clases medias. Lo que vemos hoy, sin embargo, es una depauperación, me temo, que afecta a la economía y los valores –incluso los estéticos. Y cuando digo “economía” no sólo me refiero a la dureza de la crisis, sino a la tentación del endeudamiento, por ejemplo.

- ¿Existe el Islam moderado?

No dudo de que lo haya, como tampoco dudo de que el fanatismo les hace sentir su amenaza cada día.

-  ¿Obama ha sido un bluff?

Curiosamente, ha logrado sobreponerse a algo tan endiablado como son unas expectativas altísimas. Creo que tenía algo gentlemanesco, de cierta elegancia moral, quizá la grandeza que permitía la época. Y una vocación de liderar desde el centro.

-  ¿La inmigración es un tema tabú?

Hay un problema: si los políticos no hablan de un tema, vendrán los demagogos a hacerlo. Lo hemos visto.

- Para terminar una pregunta con mala leche: se puede hacer de periodista y de “asesor del Gabinete de la Presidencia del Gobierno” al mismo tiempo?

El periodismo político es un oficio extraordinario, pero yo hace años que no lo hago. Sí intento mantener una actividad literaria o intelectual, editorial incluso. Es cosa modesta, pero –para mí- ilusionante, claro. En cualquier caso, que yo publique un artículo sobre Pla, una reseña de una novela o que cuente un viaje a Barcelona resulta –a los efectos de su pregunta- tan significativo como si dedicara mis fines de semana al aeromodelismo o a entrenar un equipo de futbito.  /Una entrevista de Xavier Rius.

1 Comentarios

#1 h22, a, 28/05/2017 - 14:49

Al final los politicos quedarán bien ante la poblacion, unos por convocar el referendum, los otros por abortarlo, y quien quedará mal son los funcionario que no querrán colaborar por miedo a ser inhabilitados, y serán tachadaos de traidores o cobardes.