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Cultura · 3 de Marzo de 2021. 13:00h.

Los Aliados lo sabían

Los servicios secretos británicos estaban al corriente del Holocausto

Los Aliados lo sabían

 

Hay una pregunta que me tortura: ¿Los Aliados conocían el Holocausto? ¿Tenían conocimiento de Peenemünde y no de Auschwitz? Al fin y al cabo bombardearon la fábrica más secreta del III Reich en agosto de 1942. La factoría donde se producían las V-1 y las V-2. A consecuencia del bombardeo murieron unas 700 personas -la mayoría prisioneros, sin embargo- pero se retrasó el programa de armas de Hitler más de seis meses.

Lo que quiere decir que, en caso de no haberlo hecho, los alemanes podrían haber utilizado las bombas volantes y los primeros misiles de la historia a principios de 1944, mucho antes del desembarco en Normandía. La primera V-1 fue lanzada sobre Londres el 13 de junio de ese año. La V-2 no fue hasta el mes de septiembre

Quizás, por su impacto psicológico, habría podido cambiar el curso de la guerra o retrasado su desenlace final porque los Aliados todavía no habían puesto un pie en Francia y era una incógnita saber con que se encontrarían. Hitler llamaba pomposamente al viejo continente la “Fortaleza Europa”. Luego se vio por suerte que no había para tanto.

Hasta ahora se han escrito varios libros sobre el tema. El profesor americano de origen alemán Walter Laqueur (1921-2018) ya publicó en 1980 un libro, The terrible secret, en el que revelaba que todo el mundo lo sabía. Al menos las altas esferas. Sus padres habían fallecido durante el Holocausto.

Luego está el testimonio personal del polaco Jan Kozielewski (1914-2000), más conocido como Jan Karski, que enviado por el gobierno en el exilio consiguió entrar en el gueto de Varsovia e incluso en un campo de concentración. Y lo más importante: también consiguió salir. Dejó su experiencia escrita en “Historia de un Estado clandestino”, publicado en castellano en el 2011 por Acantilado.

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Una de las residencias utilizadas como centros de espionaje

Sin embargo la profesora Helen Fry acaba de aportar la prueba definitiva. Helen Fry (1967) es una historiadora británica especializada en espionaje -podría ser la hija de James Bond- que tiene más de una veintena de libros escritos sobre el tema,.

El más reciente es “The walls have ears” (“Las paredes tienen orejas” aunque quizás sería mejor en traducción libre “Las paredes pueden oir”), todavía no traducido al castellano. La autora revela una de las operaciones más importantes de la II Guerra Mundial. Al menos la más duradera.

Los británicos habilitaron varios centros de detención para encerrar a los prisioneros alemanes y grabar sus conversaciones. El primero fue la Torre de Londres pero luego se añadieron otras residencias de alto sanding como Trent Park, en la localidad de Cockfosters, en el norte de Londres. O Latimer House, en Buckinghamshire. En algunos casos requisadas a la nobleza inglesa.

Al principio eran sólo supervivientes de submarinos hundidos o tripulaciones de la Luftwaffe cuyo avión había sido abatido durante la Batalla de Inglaterra. Pero a medida que se acumulaban las derrotas para el III Reich, sobre todo a partir de 1943, aumentaba la categoría de los huéspedes.

Por esta vía pasaron por los centros de detención el general Von Thoma, que fue capturado en la batalla del Alamein. O el general Von Arnim, sustituto del mariscal Rommel en el Afrika Korps cuando las cosas ya iban de mal en peor.

Luego, tras el día D, fueron cayendo los oficiales al mando de plazas fuertes como Brest o Le Havre, que resistieron hasta el final. A alguno lo pillaron incluso con grandes cantidades de licor y su amante francesa en el búnker. O el general Von Choltitz, que rindió París contra la voluntad de Hiler, que quería ver la capital francesa arrasada.

Además de grabar todas las conversaciones -¡incluso con micrófonos ocultos en los jardines!- utilizaron varios recursos piscológicos para sonsacarles información.

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El cerebro de la operación, el jefe del MI6, el coronel Hendrick 

Los interrogatorios eran muy poco diestros de manera que los prisioneros tomaban a los ingleses por imbéciles -a lo que ayudó sin duda el complejo de superioridad alentado por el nazismo- y cuando volvían a la celda largaban a su compañero lo que no habían contado.

También utilizaban a antiguos refugiados alemanes que habían tenido que salir por patas del III Reich -en su mayoría judíos- y que no deseaban nada más que ver la caída de Hitler. Reclutados por los británicos -no sin antes muchas peripecias-, fueron incorporados al Ejército y los utilizaban como stool pigeons, es decir, señuelos.

Como dominaban el alemán, los disfrazaban de soldados de la Whermacht y hacían hablar a sus compañeros de celda. Estos jugaron un papel fundamental tambén como secret listeners u oyentes secretos. Las conversaciones eran grabadas desde habitaciones ocultas y luego transcritas.

 

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Dos de los refugiados alemanes que escuchaban las conversaciones, Fritz Lustig y Eric Mark

Como estaban obligados por la Ley de Secretos Oficiales -algunos de ellos como Fritz Lustig o Erik Mark- casi se llevaron el secreto a su tumba. La autora ha podido contactar con familiares o tener acceso a correspondencia privada.

Su vida no había sido fácil: alemanes de origen judío, tuvieron que salir por patas del III Reich, algunos dejando familiares que ya no volverían a ver. Tras el inicio de las hostilidades, los británicos los veían como enemigos -al fin y al cabo eran alemanes- e incluso los encerraron en campos de concentración.

Después pudieron pasar a brigadas de trabajo -el Pioneer Corps- hasta que fueron reclutados por el Ejército. Sus servicios eran más imprescindibles en retaguardia que en primera línea.

El cerebro de toda la operación -el jefe del MI6 Thomas Kendrick- llegó a inventarse un lord inglés, Lord Aberfeldy, para que los generales alemanes le tomaran confianza. Obviamente de noble no tenía nada pero si de actor: era un agente de los servicios secretos.

Por este procedimiento los británicos tuvieron los primeros indicios de la V-1, lo que luego sería la bomba volante, el ¡2 noviembre de 1939!. Apenas empezado el conflicto.

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El falso Lord Aberfeldy, en realidad un agente de los servicios secretos

Obviamente, era sólo un indicio y luego había que ir encajando todas las piezas en una época en que ni siquiera existían los ordenadores. Era como un puzzle gigante.

No sólo eso sino también el sistema de guiado utilizado por los aviones alemanes para bombardear Inglaterra (X-Gerät), el radar, los torpedos magnéticos. las tácticas de los submarions y un largo etcetera.

Pero no sólo eso, también un secreto a voces dentro del Tercer Reich: las matanzas en masa en Polonia y en Rusia, los escuadrones de la muerte, los camiones utilizados como cámaras de gas -uno de los primeros métodos de exterminio- u desde luegop los campos de exterminio.

Lo que luego se llamó como la Solución Final. Los servicios secretos británicos llegaron a tener conocimiento de la bestia de Belsen, la mujer de las SS que tenía en su casa una lámpara con una pantalla hecha de piel humana.

De hecho, el propio Anthony Eden, ministro de Exteriores hizo un discurso en el Parlament el 17 de diciembre de 1942 alertando sobre el destino de los judíos en la Polonia ocupada el que ya denunció la “política de exterminio a sangre frías”. Era evidente que si el nazismo había promulgado ya a mediados de los años 30 las Leyes de Nuremberg no se habría quedado después, en plena guerra, con los brazos cruzados.

Como dice la autora: “Incluso hoy, décadas después, es alarmante leer las transcripciones de testigos presenciales que describen con tanto detalle cómo se llevó a cabo la Solución Final".

"La evidencia de las conversaciones de los presos plantea preguntas pertinentes hoy. Con tal conocimiento de la Solución Final y el genocidio, ¿por qué los Aliados no bombardearon las vías férreas de los campamentos? Es una pregunta legítima que requiere más estudios", se pregunta.

Las escuchas permitieron también, por otra parte, saber cómo evolucionaba el estado de ánimo de los generales a medida que Alemania perdía el conflicto. De hecho se crearon dos bandos: los todavía fervientes partidarios del régimen nazi y los cada vez más creciente de antinazis.

Aunque, como en cualquier sitio con mucha gente, se desató también una guerra de egos. Algunos generales parecían primadonnas que se enfadaban si no les llegaba la cruz de hierro que les había otorgado Hitler para poderla lucirla incluso en captividad./ Un reportaje de Xavier Rius

 

 

 

 

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4 Comentarios

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#5 LeonAnto, Barcelona, 03/03/2021 - 19:56

Eichmann ofreció a los anglosajones enviar un millón de judíos a España a cambio de que los aliados suministraran 10.000 camiones e ingentes cantidades de jabón, café y té. La propuesta fue rechazada.

#3 Luigi., Barcino, 03/03/2021 - 15:29

Si lo sabían, unos bombardeos de precisión, sobre las instalaciones militares y los hornos (facilmente reconocibles por el humo) de los campos de concentración, hubiesen ayudado.

#2 Luigi., Barcino, 03/03/2021 - 15:16

El complejo de superioridad de los alemanes les condujo a cometer estúpidos errores. Los lazis,también, andan en ello.

#1 Cris , L'HOSPITALET, 03/03/2021 - 15:03

Excelente artículo Xavier. Muchas gracias. La actualidad no debe evitar conocer nuestro pasado. Y aprender de él. Con ganas de que el nuevo libro de Helen Fry se traduzca. Por cierto para cuándo uno nuevo tuyo? Saludos cordiales